El próximo ministro de la Igualdad, víctima de la extinta guerrilla de las FARC: Alfredo Acosta contó la desaparición de su padre

En Noches de Opinión, el líder Nasa Alfredo 'Lucho' Acosta defendió los saberes ancestrales como experiencia de gobierno. Contó que su padre fue desaparecido por las FARC y anunció una ruta pedagógica del Ministerio de la Igualdad.
Ministro de la Igualdad, Alfredo Acosta, fue víctima de las FARC.
Foto: El nuevo titular llega con una marca familiar y política que atraviesa toda su biografía. / RTVC.

En Noches de Opinión, el gerente de RTVC, Hollman Morris, entrevistó a Alfredo Acosta Zapata, conocido como “Lucho Acosta”, líder Nasa y coordinador nacional de la Guardia Indígena, quien asumirá la dirección del Ministerio de la Igualdad tras la salida de Juan Carlos Florián.

El nuevo titular llega con una historia familiar y política que atraviesa toda su biografía. Es hijo de Ana Tulia Zapata, mayora, educadora y lideresa social, gestora del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), una mujer a la que él reconoció como su consejera hasta el final y a la que atribuye una ética de servicio y cumplimiento. También llega con una herida que él mismo puso en el centro de la conversación: contó cómo su padre, Moisés Acosta, fue desaparecido por la entonces guerrilla de las FARC cuando él tenía ocho años, y que esa ausencia marcó a su madre y a sus hermanos.

La entrevista transitó entre una biografía de guerra y el debate político que hoy rodea al Ministerio de la Igualdad. Acosta respondió a los cuestionamientos que reclaman credenciales académicas tradicionales para el cargo, defendió los saberes ancestrales como conocimiento aplicado y aseguró que su prioridad será servir, aprender y explicar el ministerio en un ejercicio pedagógico dirigido a quienes, según dijo, buscan acabarlo porque no lo entienden.

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La Guardia Indígena como oficio: cuidado de la vida y autoridad territorial

Acosta abrió la entrevista desde una definición identitaria de la Guardia Indígena. No se trata de un rol ocasional ni de un distintivo cultural; sino una tarea de obligación comunitaria, sostenida por memoria y práctica en forma de herencia ancestral, con un objetivo operativo claro: proteger la vida.

“El ser guardia lo llevamos en el corazón y nuestro espíritu. Es una tarea que nos encomiendan nuestros ancestros. Un centro de lo que significa la guardia indígena es la protección de la vida. Somos expertos en el cuidado”.

Esa frase determinó el resto de la conversación. A partir de ese lugar, Acosta planteó que los pueblos indígenas han desarrollado, por necesidad histórica, una experiencia especializada en el cuidado del territorio y vinculó ese conocimiento con un argumento ambiental: la resistencia de los pueblos ancestrales ha conservado el agua y, sin ese saber, no existiría la capacidad de cuidar la madre tierra. Ubicó esa resistencia en un arco largo de la historia, desde la colonización, y la conectó con la vida en medio de la guerra como condición en una cotidianidad hostil hacia el movimiento indígena.

Cuando Hollman Morris recordó su participación en el rescate de los hermanos Mucutuy, Acosta recuperó ese episodio como ejemplo de conocimiento ancestral aplicado. Contó detalles de la operación junto con representantes de diversas comunidades indígenas y explicó cómo Lesly Mucutuy, la niña que cuidó a sus hermanos en la selva, usó saberes aprendidos en su entorno para garantizar la vida. En su lectura, ese caso se convirtió en una discusión pública sobre conocimientos tradicionales que suelen ser tratados como inferiores.

Acosta también describió el alcance territorial de la Guardia Indígena desde tareas concretas y roles múltiples. Contó que ha ejercido como capitán de su resguardo, que ha sido guardia y que han llevado la jurisdicción indígena a distintos territorios. En ese punto, presentó a la Guardia como una forma de servicio público, con funciones que muchas comunidades conocen en la práctica y que el país suele asociar a entidades del Estado.

Críticas por “títulos” y la tesis de Acosta: la discusión es el servicio

El nombramiento del líder indígena apareció rodeado por críticas desde sectores de derecha que exigen una preparación académica tradicional para dirigir el ministerio. Acosta respondió desde el concepto de “cuidado” como expertise. Sostuvo que su experiencia no está en los diplomas sino en una práctica transmitida por generaciones para mantener un orden justo en comunidades atravesadas por violencia y disputas por la tierra.

Hollman Morris introdujo ese escenario de estigmatización que es cada vez más común. En Colombia existe una tendencia a menospreciar los saberes ancestrales, y ese menosprecio explica parte de la reacción contra el nombramiento. Acosta llevó la discusión al terreno del servicio y puso un ejemplo cultural para insistir en su punto: mencionó a Gabriel García Márquez como figura universal sin una carrera universitaria tradicional y lo usó para cuestionar la idea de que la capacidad de aportar depende de un inventario de diplomas. (García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura.)

En ese mismo bloque, Acosta enumeró tareas que, según afirmó, la Guardia Indígena asume en la práctica. Lo hizo como respuesta a la idea de que su trayectoria no sería “administrativa” o “técnica”. Su argumento fue directo: ha protegido vidas, ha acompañado crisis y ha operado bajo presión.

“Nosotros somos bomberos, somos Cruz Roja, somos Defensa Civil, somos escoltas, cuidanderos, guardianes ambientales […] protegimos al expresidente (Álvaro) Uribe en La María con una estrategia de seguridad muy elevada. […] Hemos protegido y salvado vidas. La discusión no está en los títulos, está en cómo servimos a la comunidad”.

El Ministerio de la Igualdad: pedagogía, saberes ancestrales y una idea contra el centralismo

Cuando habló del ministerio, Acosta insistió en dos verbos: servir y aprender. Definió su llegada como una oportunidad de escuchar a otros sectores y negó la lógica del rechazo entre colombianos. En su relato, el país existe como diversidad, y el ministerio debe trabajar para que esa diversidad no sea un motivo de separación.

El líder indígena afirmó que los ministerios han sido convertidos por la política tradicional en fortines y dijo que no llega a reproducir esa lógica. Habló de fortalecer el área de “saberes ancestrales” dentro de la entidad y defendió que esos conocimientos tienen dimensión espiritual, lenguaje propio y prácticas de cuidado que también deben ser parte de una política pública que se piensa desde el territorio.

También dijo que hay sectores que quieren acabar el ministerio porque “no lo entienden”, y planteó una tarea inmediata: hacer pedagogía pública para explicar qué es la entidad y por qué existe. En esa línea lanzó una frase que conectó con su crítica al centralismo: “Este ministerio nos invita que el centro es la periferia”. La usó para afirmar que Colombia ignora los últimos territorios y que la institucionalidad debe mirarlos como prioridad.

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La organización del trabajo apareció con otro concepto: la minga. Acosta la presentó como método de trabajo colectivo orientado al bien común y dijo que pretende trasladar esa lógica a la administración pública. Lo explicó con el modelo de la guardia, que tiene coordinación nacional y escalas territoriales. Vinculó ese método con un mandato político que atribuyó al presidente Gustavo Petro y, al mismo tiempo, subrayó el control social de su comunidad sobre su desempeño como funcionario.

“Vamos a trabajar en minga, en colectivo. Ese conocimiento colectivo lo pondremos para poder cumplir lo que más podamos. Esa es la orden del Presidente. Mandar obedeciendo, hacer caso”.

Una familia marcada por la guerra: Moisés desaparecido y la búsqueda que sigue abierta

La parte más dura de la entrevista fue el relato de la desaparición de su padre. Acosta dijo que el hecho ocurrió cuando él tenía ocho años:

“Cuando tenía 8 años mi papá fue desaparecido por defender la tierra, fue desaparecido por las FARC. Nos ha marcado a todos, a mis cinco hermanos, a mi mamá […] ella murió esperan que Moisés entrara por la puerta”.

Acosta afirmó que ese episodio no lo condujo a entrar a la guerra por venganza. Por el contrario, fue el origen de una decisión de vida: ser defensor de la vida, de los derechos humanos, de la madre tierra y de los conocimientos ancestrales. El dolor no se convirtió en retaliación, sino en una ética pública.

Dijo que la familia buscó a Moisés por el Alto Naya y que hoy confían en que la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas logre lo que ellos no lograron. Ese punto quedó como un dato institucional dentro de una historia personal: la búsqueda sigue abierta y ahora se apoya en un mecanismo estatal creado para esos casos.

Acosta volvió al lugar de su madre, Ana Tulia, como gestora del CRIC, educadora y lideresa indígena. La describió como una mujer de liderazgo femenino decisivo en su vida pública y como la persona que le dejó una regla de disciplina que él trasladó al salto hacia el ministerio.

“Hasta terminar la roza”: disciplina, tiempos y el paso al ministerio

Acosta dijo que su madre repetía una frase de campo: “hay que terminar la roza”. “Rozar” se entiende como limpiar de hierba y maleza el terreno antes de sembrar. En la entrevista, esa expresión operó como criterio de cumplimiento: cerrar lo que se empieza antes de asumir otra tarea.

Con esa idea, contó que recibió propuestas para ser senador y también embajador, y que no las aceptó porque no era el momento. Dijo que terminó su trabajo como coordinador nacional de la Guardia Indígena y que ahora toma una nueva “roza”: el Ministerio de la Igualdad.

No habló de un salto individual, habló de un ciclo terminado y de otro que empieza, con la expectativa de su comunidad y con un control social que él mismo describió como estricto.

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Ulcué Chucué, el cansancio de la guerra y la idea de “armonización”

Hollman Morris condujo el cierre hacia referentes históricos del pueblo Nasa: Quintín Lame y el sacerdote Álvaro Ulcué Chucué. La pregunta abrió un bloque filosófico y político. Acosta citó una idea atribuida a Ulcué sobre formar gente para la tierra y aprender del otro. Mencionó el programa de alfabetización como respuesta a una realidad de abuso y engaño, y resaltó otro eje: el trabajo con las mujeres.

Enumeró el legado de Ulcué en alfabetización, institutos, formación docente, liderazgo, comunicaciones y tejedores. Presentó esos pilares como parte del sistema educativo propio y como una forma de resistencia que organiza comunidad desde el conocimiento.

Al final, se reveló un testimonio de cansancio por la guerra, dicho en escenas: recoger jóvenes asesinados, proteger soldados, rescatar niños reclutados y acompañar a madres en velorios. Acosta dijo que no quiere seguir haciendo eso y mencionó la “armonía” entre colombianos como referencia de gobernanza, vinculándola a una idea que atribuyó al presidente Petro. En el cierre, habló de “armonización” como ritual relacionado con la conexión entre cuerpo y ambiente, con ejemplos de respeto por la naturaleza y el territorio.

El gerente Hollman Morris cerró la entrevista con un llamado a la armonía entre colombianos, después de una entrevista que más pareció una franca conversación que mezcló biografía personal, reflexiones sobre el sentido del saber ancestral y una ruta de gobierno que Acosta planteó desde el cuidado y el trabajo colectivo. Una mirada de lo público desde el saber ancestral.

La asunción del cargo quedará formalizada con el acto administrativo y la posesión como titular del Ministerio de la Igualdad, paso que abrirá la ruta que el nuevo ministro planteó en esta entrevista: pedagogía del ministerio y fortalecimiento del componente de saberes ancestrales como parte clave de un retador cumplimiento de objetivos de ejecución.

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