Techos solares generan mejoras económicas en hogares y producen beneficios para el medio ambiente

Colombia aumentó la producción de energía solar en un 82% durante los últimos tres años.
parque solar instalado en La Guajira
Foto: www.minenergia.gov.co

 

Una de las principales estrategias de la transición energética es el cambio hacia la energía solar, mediante infraestructuras que permiten transformar la radiación del sol en electricidad.

A diferencia del suministro tradicional de energía que se lleva a cabo mediante el sistema de distribución eléctrica, la nueva modalidad es de autogeneración y autoconsumo (no se necesita que una empresa proveedora suministre el servicio y expida una factura mensual).

Esto, porque la tecnología también transicionó, desde la instalación de parques fotovoltáicos (grandes áreas en donde se organizaban los páneles y se distribuye la electricidad por medio de cableados) hacia la modalidad de “generación distribuida”, en la que los generadores están instalados en donde se utiliza el servicio.

Los techos solares están incluidos en esta forma de generación, que se obtiene también bajo los tradicionales páneles o por tejas que simulan las que tradicionalmente eran instaladas en las casas. De esta forma, no se necesita conectar con parques o sistemas externos y traer la electricidad, sino que se produce en el mismo lugar donde es utilizada.

Además de las ventajas directas para el usuario, especialmente, en los costos de largo plazo, el uso de energía solar es favorable para la sociedad, pues es limpia y renovable, lo que significa que tiene importantes efectos positivos sobre el medio ambiente.

 

En el mundo, la instalación de páneles solares representa un logro, pero se requiere que avance más rápido

En América Latina, África, Medio Oriente, Sur de Asia y las regiones insulares de Oceanía, es posible profundizar la adopción de sistemas tecnológicos solares, para generar electricidad limpia y a menor costo, debido a su posición tropical, que hace que cuenten con exposición solar directa durante todo el año.

Paradójicamente, los países tropicales no siempre han sido activos en el aprovechamiento de estas tecnologías, pues en general, en todo el mundo avanzó en la infraestructura de las hidroeléctricas, que tienen actores interesados en que no desaparezcan, por las inversiones que se destinaron para su funcionamiento y por la cantidad de clientes que se atienden mediante la distribución de energía. 

El grupo global de especialistas en electricidad, EMBER, produce un informe de balance anual sobre energías renovables y promueve políticas hacia la transición energética en los diferentes países del mundo. En sus más recientes mediciones, indica que entre el 6 y el 10% de la electricidad mundial se produce mediante la energía solar, mientras que más del 40% sigue produciéndose por las hidroeléctricas.  

Esto se refleja en los logros mundiales en cuanto a la generación de la electricidad, pues más del 70% corresponde a una producción de energía renovable,  incluyendo los parques eólicos, cuya infraestructura es mucho más costosa que la solar.  

Se estima que en el mundo, la producción de energía solar es de 2.778 teravatios por hora (2025), lo que representa un aumento del 30% con respecto al año anterior,  lo que evidencia que este sector tiene una trayectoria de crecimiento exponencial, duplicándose aproximadamente, cada tres años (informe EMBER).

El año pasado, el aumento de la demanda por electricidad (849 teravatios por hora) fue cubierto en su totalidad por la generación de energía limpia (887 teravatios por hora), según los análisis de la organización EMBER. Por tanto, en 2025 no se aumentó la generación de electricidad mediante fuentes fósiles.


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El crecimiento de la demanda fue cubierto en un 75% por la energía solar, por lo que esta se considera el “motor dominante” de la transición. En el mundo, el cambio se da entre la electricidad generada con carbón, reemplazada por las energías limpias, lo que se observa en las mediciones: la producción mediante el tipo fósil cayó a menos del 33% y su sustituto aumentó en más de este valor, por primera vez, desde la pandemia, que fue un lapso en el cual se tuvo un aumento significativo de la producción de electricidad por fuentes fósiles, de forma excepcional, en comparación con las tendencias generales que ha mantenido el mundo, durante el presente siglo.

China e India son los países que tradicionalmente han aportado más al aumento de la generación de energía fósil, pero en 2025 esto se redujo, por la transición hacia energías limpias, lo que incidió en los resultados globales.  

La generación de energía limpia en China es del 22% del total de electricidad producida, lo cual es superior a la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que está en el 20%.

En América Latina, pese a la resistencia de los promotores de las hidroeléctricas, cuatro países iniciaron y fortalecieron la adopción de infraestructura para energía solar a principios de siglo: Chile, México, Brasil y Argentina.

Para estos países, fue fundamental que se avanzara en un marco legislativo que promoviera la energía renovable, así como el impulso de la transición energética, mediante inversión pública.

Sin embargo, y de acuerdo con los informes EMBER, existen diferencias regionales significativas en el continente, pues, en países como Perú, Ecuador, Guatemala y Paraguay, las cifras de penetración de las energías renovables no supera el 5%.

Para observar estas diferencias, a continuación se presentan los resultados correspondientes a los países de la región, con base en los datos compilados por la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA por su sigla en inglés), que elabora el informe estadístico mundial anua. Los datos corresponden a la capacidad total de producción en Megavatios:


En los datos de la tabla, se verifica la diferencia entre los países latinoamericanos, tanto en general, con las energías limpias, como específicamente en el tipo solar. La región tiene una participación moderada de 7,6% en el mundo, en la producción de megavatios, porque debería estar alrededor de 20%.

Sin embargo, la transición ha sido positiva en la mayoría de los países, considerando el periodo desde 2016 a 2025, cuando la producción de energía renovable en la región creció el 39.3% y en tres de sus países, mucho más que este valor (los líderes México, Brasil y Chile). 

En Brasil, por su extensión y por las políticas públicas mencionadas, se genera el 58,6% del total de la energía limpia latinoamericana.

Colombia es un país destacado, ya que su transición se ha impulsado solo recientemente, en el gobierno del presidente Gustavo Petro, y ya alcanza el 4% de la producción regional de energías renovables, solo superado por los países que llevan el mayor tiempo impulsando el cambio: Brasil, México, Chile, Venezuela y Argentina.

Desde 2016, el país aumentó su producción de energía renovable en un 23% y la de energía solar en un 100%. Si se compara con 2022, estos aumentos fueron del 10% y del 82% respectivamente, en tan solo tres años.  


Transición energética como estrategia de política pública

Entre los países pioneros en el cambio, Chile aprobó la Ley de Energías Renovables No Convencionales en 2008, lo que favoreció el desarrollo de los proyectos solares, entre los que se destaca el uso del recurso solar con almacenamiento, gracias a la inversión en infraestructuras en el desierto de Atacama.

La modalidad de almacenamiento en el país austral es un avance tecnológico, que se considera un referente regional y global, por esto, otros países de la región han estudiado el caso chileno y aprovechado sus conocimientos para avanzar en sus propios proyectos.

Por su parte, en Brasil, se adelantaron licitaciones de energía limpia a través de la Agencia Brasileña de Regulación de la Electricidad, lo que hizo crecer principalmente el desarrollo de la energía eólica, pero también de la solar. La entidad se encargó de implementar la política pública, no solo incentivando el consumo de energía limpia, sino también, apoyando la inversión.


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De forma más reciente, otros gobiernos latinoamericanos han asumido un mayor compromiso con el uso sostenible de los recursos naturales y el desarrollo de infraestructuras de las energías limpias, pero, en la mayoría de los casos, se siguen manteniendo las estrategias pactadas con las hidroeléctricas para garantizar un flujo de usuarios que les permita cubrir los costos del montaje y funcionamiento, retrasando el cambio hacia otras formas de generación de electricidad.

Igualmente, debe tenerse en cuenta que, aunque la energía solar tiende a reemplazar la energía eléctrica tradicional, en la actualidad, las instalaciones que la utilizan tienden a manejar los dos sistemas de modo complementario, por lo que el uso mixto continúa generando impactos sobre el medio ambiente.

A futuro, es posible que se logre la independencia total de la red convencional y se manejen solo energías limpias, lo que requiere de avances a nivel de las instituciones oficiales, para propiciar la transición y garantizar el acceso al servicio de energía, de forma permanente.

Una dimensión fundamental en este cambio es la transición hacia vehículos 100% eléctricos, pues en la movilidad es que se continúan generando importantes volúmenes de emisiones contaminantes.

El principal reto de la transición a la energía solar, de acuerdo con especialistas, es mejorar la capacidad de almacenamiento y transmisión de la electricidad. Esto se mitiga en parte, con la posibilidad de fortalecimiento de la autogeneración y el autoconsumo, pero a nivel de hogares y de producción de bienes y servicios de pequeña escala, para lo cual, son adecuados los techos solares.

 

Colombia ha avanzado en la transición hacia energía limpia, mediante los techos solares

Teniendo en cuenta los reportes de la Unidad de Planeación Minero Energética - UPME, en el país, entre 2023 y 2025, se han instalado más de 18 mil nuevos techos solares, con los cuales, aproximadamente igual número de hogares han podido iniciar la producción de su propia energía.

Este proceso se desarrolló principalmente bajo el programa Colombia Solar, a cargo del Ministerio de Minas y Energía, según los proyectos que le han correspondido dentro del Plan Nacional de Desarrollo, del gobierno del presidente Gustavo Petro.

Hasta 2022, la cifra rondaba los 5600 techos instalados, por lo que en la actualidad, hay cerca de 24.500 en total.  Las instalaciones comenzaron en 2018, con 65 casos, pero la variación anual era muy baja, hasta que se dinamizó en 2023. En la siguiente tabla y gráfico, se muestra la información correspondiente: 

Fuente: UPME, 2026

 

Debe tenerse en cuenta que, en el país, la instalación de paneles solares en techos de viviendas y edificaciones, principalmente educativas, no siempre corresponde a una sustitución del suministro tradicional de energía, sino que se ha utilizado para permitir el acceso a la electricidad, en lugares donde antes no existía.

Por tanto, en el país, hay dos beneficios principales de la política de instalación de techos solares: el acceso al servicio de energía y la sostenibilidad, que representa mayor eficiencia energética en el largo plazo, ya que se reducen las emisiones de gas carbónico, mejorando la calidad del aire.

Cuando una economía se descarboniza, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles, la sostenibilidad ambiental, también se expresa, en sostenibilidad financiera, pues además de menores costos, hay menores riesgos, por ejemplo, de cambios en los precios, los cuales se producen por circunstancias propias de los mercados financieros, pero también, a consecuencia de las crisis generadas por las sequías severas, que reducen el nivel de los embalses y la capacidad de generación de las hidroeléctricas.  

Esta última situación es clave en el país, donde eventos como el Fenómeno del Niño, y en general, las recurrentes temporadas de sequías, afectan los procesos y la economía del sector energético. 


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