Septiembre, un mes para hablar de prevención del suicidio y salud mental

En septiembre, mes de la prevención del suicidio, el mundo pone el foco en la importancia de hablar de salud mental y actuar frente a las señales de alerta. En Colombia, las cifras muestran que esta sigue siendo una situación que requiere atención, prevención y respuestas oportunas
Septiembre, un mes para hablar de prevención del suicidio y salud mental
Foto: Google

Cada septiembre, el mundo pone el foco en una conversación que durante mucho tiempo estuvo rodeada de silencio: la prevención del suicidio. Este mes busca generar conciencia sobre las señales de alerta, la importancia de pedir ayuda y la necesidad de contar con sistemas de salud mental capaces de responder a tiempo ante una crisis.

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca generar conciencia sobre esta problemática y promover acciones para prevenirla. La jornada invita a hablar abiertamente de salud mental, reconocer señales de alerta y fortalecer las redes de apoyo.

Las cifras: ¿qué está pasando con los suicidios en Colombia?

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en Colombia, 2024 cerró con 3.066 muertes por suicidio, 235 menos que en 2023, cuando se registró el máximo de la última década, con 3.301 casos. La tasa pasó de 6,3 a 5,8 muertes por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, frente a 2015, los suicidios aumentaron: pasaron de 2.347 a 3.066.

Hombres, los más afectados

La diferencia por sexo es marcada. En 2024, los hombres registraron una tasa de 9,4 muertes por cada 100.000 hombres, frente a 2,2 en mujeres. La brecha también es especialmente amplia entre los 20 y 39 años.

El territorio también importa

Los casos se concentran en departamentos con mayor población: Antioquia registró 467 muertes, Bogotá 403 y Valle del Cauca 243. Pero al mirar las tasas, aparecen diferencias importantes: en 2023, Vaupés alcanzó 47 muertes por cada 100.000 habitantes, seguido por Amazonas (11,8) y Guaviare (10,2).

Una tendencia que no desaparece

Aunque 2024 significó una reducción frente al año anterior, la tasa sigue por encima de la registrada en 2015: 5,8 frente a 5,1 por cada 100.000 habitantes.

Las cifras muestran que el suicidio no afecta de la misma manera a toda la población. Sexo, edad y territorio marcan diferencias, y abren una pregunta fundamental: ¿qué está llevando a estas personas a una situación de riesgo y qué tan preparados estamos para detectarla a tiempo?

Foto: DANE. Indice anual de suicidios en Colombia entre 2015 y 2024.

¿Quiénes están en mayor riesgo?

No existe un único perfil de una persona en riesgo de suicidio. Sin embargo, hay situaciones y factores que pueden aumentar la vulnerabilidad, especialmente cuando se acumulan o aparecen de manera simultánea.

Entre las personas que pueden enfrentar una mayor vulnerabilidad se encuentran quienes atraviesan:

  • Crisis emocionales o pérdidas recientes.
  • Aislamiento social o falta de redes de apoyo.
  • Situaciones de violencia.
  • Problemas económicos o conflictos familiares.
  • Consumo problemático de sustancias.
  • Trastornos de salud mental.
  • Antecedentes de intentos de suicidio.
  • Acceso a medios letales.

Estos factores no permiten predecir por sí solos que una persona vaya a intentar suicidarse. Vivir con un trastorno de salud mental tampoco significa automáticamente que alguien vaya a quitarse la vida. El riesgo es complejo, puede cambiar con el tiempo y depende de la combinación de diferentes circunstancias.

Por eso, la prevención también pasa por detectar señales de alerta, fortalecer las redes de apoyo y facilitar el acceso oportuno a atención profesional.


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Las señales de alerta que no deberían ignorarse

El riesgo de suicidio no siempre es evidente, pero algunos cambios en la forma de hablar, actuar o relacionarse pueden ser señales de que una persona está atravesando una situación de especial vulnerabilidad.

Entre las señales que requieren atención están:

  • Hablar de querer morir, desaparecer o no querer seguir viviendo.
  • Expresar desesperanza, sentirse atrapado o sentirse una carga para los demás.
  • Aislarse repentinamente de familiares, amigos o actividades habituales.
  • Presentar cambios importantes de comportamiento, ánimo o rutina.
  • Despedirse de personas cercanas de una manera inusual o resolver asuntos personales como si se estuviera preparando para ausentarse.
  • Buscar información o medios para hacerse daño.
  • Mostrar un cambio brusco después de atravesar un periodo de crisis.

Una señal por sí sola no permite determinar que una persona está en riesgo. Pero cuando aparecen varios cambios, especialmente después de una crisis, es importante tomarlos en serio y acercarse a la persona.

Y hay un mito que todavía persiste: preguntar directamente si alguien está pensando en suicidarse no le “mete la idea en la cabeza”. Por el contrario, puede abrir un espacio para que hable de lo que está viviendo y permitir que reciba ayuda.

Terapia, acompañamiento y acceso a salud mental

La prevención del suicidio no depende únicamente de que una persona busque ayuda psicológica. La atención debe ser integral y llegar a tiempo, desde la intervención temprana y la atención primaria hasta el acompañamiento de familiares y redes cercanas

Psicología, psiquiatría y el tratamiento oportuno de los trastornos de salud mental pueden ser fundamentales, al igual que el seguimiento después de una crisis o un intento de suicidio.

Pero acceder a esa ayuda no siempre es sencillo. Los costos, los tiempos de espera, la disponibilidad de profesionales y las diferencias entre las zonas urbanas y rurales pueden convertirse en barreras para recibir atención. Esto plantea una pregunta clave para la prevención: ¿la salud mental está llegando a tiempo a quienes la necesitan?

La prevención también implica fortalecer los servicios de salud, las redes de apoyo y las rutas de atención para que una persona pueda recibir acompañamiento antes de que una crisis se convierta en una emergencia.


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Hablar de salud mental y salud física como si fueran asuntos separados también puede ser parte del problema. Una persona no vive su cuerpo por un lado y sus emociones por otro: ambas dimensiones están conectadas y afectan su bienestar.

La prevención también requiere formación del personal sanitario y estrategias en colegios, universidades y comunidades, capaces de identificar señales de alerta e intervenir de manera temprana. Ante una emergencia, si existe un riesgo inminente, la persona no debe quedarse sola y debe recibir atención inmediata en un servicio de urgencias; una crisis suicida no debe esperar una cita programada.

Pero la prevención no puede recaer únicamente en quien está sufriendo. Familias, amigos, instituciones educativas, empresas, medios de comunicación, sistema de salud y Estado también tienen un papel. Prevenir significa no solo decirle a alguien que busque ayuda, sino garantizar que esa ayuda exista, sea accesible y llegue a tiempo.

Si usted tiene ideas o pensamientos suicidas, puede comunicarse a la Línea Nacional 106 de salud mental. También puede consultar el Directorio nacional de líneas territoriales de salud mental y prevención del suicidio para encontrar los canales de atención disponibles en su territorio.


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