"Hacer fracking en La Guajira es matar a su población de sed": presidente rechaza la exploración de gas no convencional

El fracking ha sido cuestionado en varios países por sus riesgos: contaminación de acuíferos, sismos inducidos y alto consumo de agua.
"Hacer fracking en la Guajira es matar a su población de sed": presidente Petro rechaza la exploración de gas no convencional en el norte del país

El presidente Gustavo Petro respondió a los llamados del sector energético para reactivar el fracking en Colombia y rechazó con firmeza cualquier posibilidad de aplicar esa técnica de extracción en la región Caribe, particularmente en La Guajira, departamento que históricamente ha sufrido una severa crisis de acceso al agua potable.

"La peor tontería sería gastar el agua por el gas. El agua vale más que el oro y el agua produce energía más barata que el gas, el carbón o el oro. Hacer fracking en La Guajira es matar a su población de sed", afirmó el mandatario, en una declaración que resume la postura del gobierno frente a una discusión que vuelve a tomar fuerza en los círculos industriales y energéticos del país.

La controversia se reavivó luego de que representantes del sector energético pusieran nuevamente sobre la mesa el desarrollo del fracking como alternativa para sostener la producción de petróleo y gas en Colombia. 

El argumento central del gremio es la brecha creciente entre la demanda interna de gas y la capacidad real de producción del país, una situación que, según los industriales, exige explorar fuentes no convencionales para garantizar el suministro energético en el mediano plazo.

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Las zonas identificadas con mayor potencial para esta modalidad de extracción son el Valle Medio del Magdalena y la cuenca Cesar-Ranchería, esta última ubicada en el extremo noreste del país, en la llanura del Caribe. 

Delimitada geológicamente por la Sierra Nevada de Santa Marta al suroeste y la Serranía del Perijá al este, la cuenca Cesar-Ranchería comprende dos valles principales: el del río Cesar, que recorre gran parte de ese departamento, y el del río Ranchería, en La Guajira, donde se ubican municipios como Fonseca y Albania, este último sede del complejo carbonífero de El Cerrejón, uno de los proyectos mineros de mayor escala en América Latina.

Es precisamente en ese territorio donde el debate adquiere una dimensión humanitaria que trasciende el plano técnico y económico. La Guajira concentra algunos de los índices más críticos de escasez hídrica del país, con comunidades indígenas wayuu que llevan décadas sin acceso regular al agua. En ese contexto, la posibilidad de utilizar grandes volúmenes de agua en el proceso de fracturamiento hidráulico, que es lo que el fracking implica, genera un rechazo categórico por parte del gobierno nacional y de organizaciones sociales de la región.

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El fracking, o fracturamiento hidráulico, consiste en inyectar agua a alta presión mezclada con arena y químicos en formaciones rocosas del subsuelo para liberar hidrocarburos atrapados. Su aplicación ha sido cuestionada en múltiples países por los riesgos asociados a la contaminación de acuíferos, los sismos inducidos y el elevado consumo hídrico que demanda.

En Colombia, el debate sobre el fracking lleva años sin resolverse. El anterior gobierno expidió decretos que abrían la puerta a proyectos piloto, mientras que el ejecutivo actual ha sido consistente en su rechazo a la técnica, enmarcándola dentro de una política energética orientada hacia las fuentes renovables. 


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