Mercosur y Unión Europea firman histórico acuerdo comercial en una negociación que se prolongó por 25 años

La Unión Europea y el Mercosur firmaron en Asunción un acuerdo comercial negociado durante décadas, que reduce aranceles en la mayor parte del intercambio bilateral.
Mercosur y Unión Europea firman histórico acuerdo comercial.
Foto: Aunque el tratado ya fue firmado, su entrada en vigor depende de la ratificación en el Parlamento Europeo y de los trámites legislativos en los países del Mercosur. / AFP.

La Unión Europea y los países fundadores del Mercosur firmaron este sábado en Asunción un acuerdo comercial largamente negociado que duró más de 25 años, con el que ambos bloques buscan ampliar el intercambio y enviar una señal política de respaldo al multilateralismo, en un momento de tensiones comerciales y auge de medidas proteccionistas.

Para el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el tratado tiene un sentido que trasciende lo arancelario: lo concibe como una decisión estratégica para sostener reglas comunes de comercio y abrir un horizonte de cooperación de largo plazo entre dos regiones que, en su lectura, necesitan menos aislamiento y más integración económica.

Esa defensa, sin embargo, llega acompañada de una presión creciente en Europa, donde agricultores y ganaderos han salido a protestar, y donde fuerzas progresistas advierten que la apertura comercial no puede traducirse en desprotección del campo ni en retrocesos de estándares ambientales, sanitarios y laborales.

Lula: integración con reglas en un mundo que se cierra

La línea de Lula ha sido sostener que el acuerdo es una respuesta a un entorno internacional más incierto, en el que el comercio se usa como herramienta de presión geopolítica. Su argumento es que, ante el cierre de mercados y el unilateralismo, Mercosur y UE apuestan por una ruta distinta: integración bajo reglas, previsibilidad y encadenamientos productivos.

En esa visión, Brasil busca que el pacto opere como plataforma para ampliar exportaciones, atraer inversión y consolidar una relación estable con Europa, sin quedar atrapado en los vaivenes del proteccionismo global. El Gobierno brasileño ha insistido en que la firma debe leerse también como un gesto político: un acuerdo entre bloques, no una negociación aislada entre países.

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Desde la perspectiva del presidenete Lula da Silva, este acuerdo es una herramienta para sostener empleo, industria y un relacionamiento económico menos dependiente de choques externos, con un componente de estabilidad que —según su postura— hoy es tan importante como el crecimiento.

Descontento europeo: protestas del campo y reparos de la izquierda

En Europa, el acuerdo enfrenta resistencia del sector agrícola, que teme una competencia intensa de productos suramericanos y cuestiona diferencias en condiciones de producción. En países como Francia, se han visto movilizaciones que reclaman frenos y garantías antes de avanzar hacia la ratificación.

A ese malestar social se suma otro debate político: sectores de izquierda y verdes han advertido que un tratado de esta magnitud no puede apoyarse solo en la promesa de comercio, si no asegura protección efectiva a productores pequeños y mecanismos creíbles de control ambiental y sanitario.

La crítica progresista en Europa no se limita a decir “no” sin argumentos. Su punto central es condicionar el acuerdo a salvaguardas verificables y a la capacidad de los Estados de impedir que la apertura termine castigando a quienes ya viven una crisis de rentabilidad en el campo.

Aunque el tratado ya fue firmado, su entrada en vigor depende de la ratificación en el Parlamento Europeo y de los trámites legislativos en los países del Mercosur. Ese proceso será político: se vota bajo presión social, bajo disputas con el campo europeo convertido en actor de gran peso.

Para el presidente Lula, el desafío inmediato será sostener su defensa multilateral sin perder de vista el choque que hoy frena el acuerdo del lado europeo: la tensión entre apertura comercial, protección del agro y exigencias ambientales.


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