Presidente defiende apertura de la carrera diplomática en Colombia

El presidente Gustavo Petro respondió a las críticas sobre el decreto que prepara el Gobierno para reformar el acceso a la carrera diplomática. Defendió la democratización del servicio exterior y cuestionó su carácter históricamente elitista.
Presidente Petro.
Foto: El presidente Petro defendió que la reforma que prepara su Gobierno no busca acabar con la diplomacia, sino modificar su orientación social, política y cultural, para que responda a la Colombia real y no a una élite cerrada. / Presidencia.

El presidente Gustavo Petro reaccionó desde su cuenta de X a la discusión sobre el decreto que prepara su Gobierno para modificar el acceso a la carrera diplomática en Colombia. En un extenso pronunciamiento, el mandatario defendió la apertura del servicio exterior como una transformación estructural del Estado y cuestionó el carácter históricamente elitista de la diplomacia colombiana.

Desde su perspectiva, el debate no debe reducirse a una confrontación entre una tradición burocrática y su política reformista, sino a una reflexión de fondo sobre quiénes representan a Colombia ante el mundo y con qué propósito. En sus palabras, “no se trata de censurar blanquitos o hijos de las mal llamadas ‘familias de bien’, sino de abrir la carrera diplomática y sus cargos a toda la población colombiana”.

El jefe de Estado enmarcó la discusión en una crítica de largo aliento a la forma como ha operado la diplomacia en el país y a la visión del mundo que, según él, ha predominado en el servicio exterior durante décadas.

“Una aristocracia falsa que es en realidad oligarquía”

Uno de los ejes centrales de la respuesta del Presidente fue el cuestionamiento directo al perfil social e ideológico que, a su juicio, ha caracterizado al servicio diplomático colombiano. “Si en algún lugar administrativo se respira el olor rancio de una aristocracia falsa que es en realidad oligarquía, es en el servicio diplomático”, afirmó el mandatario.

El presidente sostuvo que, con excepciones que reconoció como “honrosas”, la diplomacia colombiana ha estado marcada por el inmovilismo y el distanciamiento de los grandes cambios del mundo contemporáneo. “Con excepciones honrosas, nuestro servicio diplomático ha sido perezoso, centrado en la vieja visión de la guerra fría, racista y descuidado de las comunidades de colombianos en el exterior, no estudia el mundo contemporáneo y sus conflictos y no está acostumbrado a que Colombia busque puestos de vanguardia mundial”, sostuvo.

En ese marco, el mandatario defendió que la reforma que prepara su Gobierno no busca acabar con la diplomacia, sino modificar su orientación social, política y cultural, para que responda a la Colombia real y no a una élite cerrada.

Embajadas para trabajar y servir, no como espacios de descanso

Otro de los puntos de su pronunciamiento estuvo dirigido a la función que históricamente han cumplido las embajadas y consulados. El Presidente cuestionó el uso de estos cargos como espacios de confort político. “Se siente cómodo con los políticos colombianos que ven las embajadas como lugares de descanso y lujo”, escribió.

Frente a las críticas que han surgido por las nuevas sedes diplomáticas abiertas en el mundo árabe, hizo una distinción clara entre ostentación y representación digna del país. “Nos criticaba una parlamentaria de la oposición, porque las nuevas embajadas abiertas en el mundo árabe son lujosas. No entendió”, expresó.

Y explicó: “No es lujo, es la elegancia para que Colombia se vea en países ricos de tú a tú, es la belleza de Colombia traída a arquitecturas de otros pueblos, para que nuestros compatriotas sean atendidos como se merecen”.

El Presidente se enfocó en contrastar esa visión con la situación que, según él, existía antes en el servicio exterior: “Lo que teníamos era lujo para las residencias de embajadores y pocilgas para la atención de colombianos”.

Desde su perspectiva, la prioridad del gasto público en diplomacia debe estar puesta en la atención de los connacionales y en la representación del país ante el mundo, no en privilegios personales.

Colombia, diversidad y proyección internacional

En su defensa del decreto en preparación, el jefe de Estado insistió en que la diplomacia debe reflejar la diversidad social, cultural y étnica del país. “Colombia es el corazón del mundo y debe comprender toda la diversidad humana y comportarse como es: el país de la belleza y el corazón del mundo abierto a todas las culturas de la tierra”, afirmó.

En esa misma línea, sostuvo que esa diversidad debe expresarse de manera concreta en el servicio diplomático, demostrando que el país tiene una riqueza étnica que lo representa: “Por eso toda su diversidad, de las más ricas del mundo, debe expresarse en su sistema diplomático”.

Para el jefe de Estado, las embajadas y los consulados no pueden seguir operando como simples oficinas burocráticas o como extensiones del poder político tradicional. “Las embajadas y consulados de Colombia deben ser espacios de unión y articulación de la humanidad, empezando por nuestra civilización latinoamericana y caribeña”, puntualizó.

El Presidente ligó esta visión a una política exterior más activa, menos subordinada y con mayor capacidad de interlocución internacional, acorde con los cambios geopolíticos del siglo XXI.

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El sentido del decreto que prepara el Gobierno

El pronunciamiento presidencial se produce en medio del debate que ha generado un decreto que el Gobierno prepara para modificar los requisitos de acceso a la carrera diplomática. La discusión se planteó como una respuesta a la publicación de una columna de opinión, de autoría de la escritora Piedad Bonnett en El Espectador, en la que se expresan reparos frente a esa iniciativa, señalando una oposición inquebrantable entre inclusión y mérito.

Sin entrar en una confrontación personal con la columnista, el Presidente concentró su respuesta en el fondo político de la reforma: la necesidad de abrir una institución históricamente reservada a determinados sectores sociales y de exigir un desempeño más activo de la diplomacia en la proyección internacional del país.

En su visión, el decreto no busca desmontar el Estado ni improvisar la política exterior, sino transformar una estructura que, según él, se volvió funcional a una élite, distante tanto del país profundo como de las dinámicas del mundo actual.


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