La prevención salva vidas: Colombia tiene riesgo de sismicidad fuerte y frecuente por su ubicación geográfica
En la actualidad, el planeta está mostrando una intensa actividad sísmica (están sucediendo fuertes temblores y terremotos), que preocupa a los especialistas, a los gobiernos y a los ciudadanos, en particular, quienes habitan en las zonas costeras del Océano Pacífico, en el área de influencia del llamado Cinturón de Fuego, en el que se presentaron al menos cuatro sismos de relativa importancia en los pasados días (dos de ellos sucedieron en California y en Japón).
Esta actividad se suma al raro fenómeno de dos terremotos sucesivos que se presentaron en Venezuela, país que en el momento enfrenta una crisis por este desastre natural.
La Tierra es un planeta vivo, en movimiento constante, pero no es común que se mueva tan fuertemente, en tan poco tiempo.
Los temblores y terremotos son movimientos telúricos, una palabra que se deriva precisamente de la palabra “tierra”. Como significado, hace referencia a los movimientos que se producen “al interior” del planeta Tierra. Ambos tipos de movimientos también se pueden llamar como “sismos”.
Pero no se trata de uno de los movimientos habituales y permanentes, sino de un movimiento “brusco”, que se produce en un relativamente corto tiempo (segundos o pocos minutos) y que se causa por la “liberación repentina” de una gran cantidad de “energía” que se estuvo acumulando durante un largo tiempo.
Venezuela acaba de sufrir un extraño caso de doble terremoto, en área fuera del Círculo de Fuego
El pasado miércoles, 24 de junio, Venezuela sufrió una grave tragedia al presentarse dos terremotos de escala 7,2 y 7,5, con una diferencia de menos de un minuto. Las profundidades de estos sismos, de 13 y 10 kilómetros, son relativamente bajas, por lo que han causado gran devastación, pero por ser reciente, todavía no se cuenta con un balance confiable de víctimas mortales, daños y damnificados.
Estos terremotos “gemelos” sucedieron por el choque entre las placas tectónicas Suramericana y del Caribe, en el cruce de sus bordes en el sur del mar Caribe, cerca al círculo ecuatorial que recorre el centro del planeta. El fenómeno, también conocido como “doblete sísmico” es un caso muy improbable, de hecho, los eventos de Venezuela se consideran un hito para el estudio de los movimientos telúricos.
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Terremotos, ¿Qué está pasando en La Tierra?
Las paradisiacas costas del Pacífico tienen una amenaza latente, pues bajo sus aguas se encuentran las área de subducción más activas entre las placas tectónicas de La Tierra, donde se producen los más fuertes terremotos y se generan la mayor parte de las erupciones volcánicas del globo.
De forma sencilla, las placas tectónicas son unas plataformas o partes en que se divide el suelo del planeta, y por ello, están una al lado de las otras, haciéndose una presión constante entre sus bordes, para ocupar su lugar.
Es decir, que estas placas están todo el tiempo, empujándose entre si, porque no son fijas, sino que se mueven por las condiciones normales de las profundidades del planeta. Sobre estas placas, están los continentes, y también el suelo marino de los diferentes océanos del mundo.
La subducción es un proceso en el cual las placas vecinas se empujan de forma que una se va hundiendo por bajo la otra. Cuando se libera demasiada presión por este hundimiento, se levantan los suelos de la placa que está encima (la otra placa la impulsa desde abajo) produciendo los terremotos.
Esto significa que los movimientos recientes son naturales dentro de los cambios propios de La Tierra, lo que no desconoce que sean peligrosos y que las personas tengan miedo de que se produzcan.
El Círculo o Cinturón de Fuego es la zona más activa a nivel de erupciones, temblores y terremotos
Esta área o semicírculo se describe aproximadamente por el perímetro que rodea a los continentes alrededor del Océano Pacífico, tal como se observa en la imagen a continuación:
Se trata de una zona de La Tierra que se caracteriza por la intensa actividad volcánica, y donde se encuentran los bordes de las placas tectónicas que ejercen mayor presión entre si, por lo que suceden frecuentemente temblores y terremotos.
En el Cinturón se concentra el 90% de la actividad sísmica del planeta y el 75% de los volcanes activos del mundo, por eso, no es un círculo cualquiera, sino que “es de fuego”.
Los temblores se diferencian de los terremotos básicamente por la escala. Los primeros se trata de movimientos de menor intensidad, hasta el nivel 6 en la escala de Ritcher, que se utiliza para medirlos, mientras que los terremotos van del punto o magnitud 6 al 12 (aunque técnicamente, se considera que la escala no tiene un máximo definido, pero un sismo mayor de 12 puntos sería en extremo devastador).
Como se puede inferir, los terremotos en el área del Círculo de Fuego, no se producen solamente en la zona continental, sino que también se generan y con bastante frecuencia, en el suelo marino, lo que produce grandes olas que arrasan las playas. La serie de olas que se deriva de un terremoto se conocen como Tsunami.
¿Qué hacer en caso de un temblor con alta intensidad o un terremoto?
Lo mejor para cualquier circunstancia de riesgo es la anticipación y la preparación. Pero en el caso de los temblores, estos se presentan sin que haya forma de prever el momento exacto en que van a suceder.
Esto no significa que no se pueda mantener una actitud de prevención y prepararse para enfrentar los riesgos asociados a los movimientos fuertes de La Tierra.
Debe tenerse en cuenta que los terremotos más potentes, no siempre son los más devastadores, porque esto depende de la cercanía a los centros poblados y a las políticas de prevención.
Las medidas de prevención más efectivas suelen ser también sencillas, y se pueden convertir fácilmente en hábitos, que garanticen la preparación permanente:
Asegurar los objetos que puedan caer y lastimar a las personas.
Ubicar sitios seguros, con estructuras más resistentes, como las columnas de las edificaciones.
Contar con botiquín de primeros auxilios, pitos, linternas, agua y alimentos no perecederos de fácil acceso y en buen estado, así como guacales para las mascotas, en caso de ser necesarios.
Mantener los dispositivos de comunicación con suficiente carga.
Identificar sitios de encuentro y tener planes de evacuación.
Realizar simulacros.
Aunque resulte difícil, en medio de los eventos, mantener la calma y desplazarse hacia sitios seguros, previamente definidos.
Los casos recientes que han puesto al mundo a pensar en la gestión del riesgo frente a los sismos
Japón es un país desarrollado que sufre constantemente de eventos telúricos por cuenta de su ubicación dentro del Cinturón de Fuego. Ha tenido que destinar diferentes esfuerzos materiales y conocimientos para prevención y atención de desastres relacionados con temblores y terremotos.
Las edificaciones en este país son antisísmicas y su población está capacitada para enfrentar las situaciones, contando además con políticas públicas avanzadas para la gestión de riesgos, pues este tipo de desastres se presentan con mayor frecuencia que en el resto del mundo, por lo que el tema ha sido de manejo prioritario para sus gobiernos.
Sin embargo, el país insular sufrió un terremoto marino en 2011, que fue uno de los más graves del mundo, alcanzando una magnitud de 9.1 puntos en la escala de Ritcher.
Ese terremoto japonés es el cuarto más fuerte en el mundo, desde el año 1900, en que se empezaron a medir los sismos con la actual tecnología, para los anteriores, se estima la medición ya que esta no se pudo realizar en el momento en que sucedieron.
En el caso del país oriental, a pesar de contar con barreras anti-tsunamis, que son infraestructuras costosas y con tecnologías modernas, estas fueron superadas por el mar.
Las olas del Tsunami de este terremoto alcanzaron los 40 metros de altura, ingresaron aproximadamente 10 kilómetros desde las playas hacia las zonas pobladas, a una velocidad media de 800 kilómetros por hora, afectando alrededor de 2000 kilómetros de las costas japonesas.
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El desastre dejó más de 15.000 personas fallecidas y se estiman unos 5.000 desaparecidos, 250.000 hogares sin vivienda y más de un millón adicional de familias cuyos lugares de residencia quedaron dañados.
La naturaleza demostró que puede ser más fuerte que las estrategias de contención, lo que no significa que estas no cumplan su función, sino que los retos son cada vez mayores.
Los daños a la infraestructura japonesa y las pérdidas humanas pudieron ser peores si el país no contara con las políticas de gestión que ha ido mejorando durante años, los sistemas de comunicación y los servicios sanitarios fueron fundamentales para manejar la emergencia, salvar vidas y dar las bases de la recuperación.
Igualmente, el país sigue invirtiendo en las estrategias de protección y manteniendo una pedagogía constante con sus ciudadanos, por lo que es un referente mundial en materia de gestión del riesgo.
Para el terremoto del Océano Índico (Sumatra, 2004, magnitud de 9,3, el segundo más grande del mundo), el Tsunami que se generó alcanzó las costas de 17 países, y se estima una mortalidad de más de 275.000 personas, que son casi 14 veces la cantidad de fallecidos en Japón. Indonesia, tuvo el 62% de las víctimas (alrededor de 170.000 personas). Otros dos países gravemente afectados fueron Tailandia y Sri Lanka.
Este terremoto es uno de los más mortíferos de la historia reciente, junto con el de Haití (2010), mostrando que es necesario que las autoridades desarrollen una planificación acorde con los riesgos que enfrentan los países, y que los ciudadanos tengan mayor concientización y capacidades generadas, para enfrentar los eventos y los retos de la recuperación.
En el caso del país caribeño, las personas fallecidas fueron más de 315.000, ya que el terremoto afectó el área urbana de su capital, Puerto Príncipe. La magnitud fue de 7 puntos.
Siendo el país más pobre del mundo, la situación se hizo todavía más compleja por la falta de servicios sanitarios suficientes para la recuperación, que todavía está en marcha hoy día, a quince años del evento. Los heridos superaron los 350.000 casos y más de 1,5 millones de personas perdieron sus hogares.
El más fuerte de los terremotos del mundo también sucedió en América Latina, en Valdivia, Chile, para el año de 1960, el cual tuvo una magnitud de 9,5. Se estiman 2000 víctimas mortales, además de dos millones de damnificados, tanto por el movimiento telúrico, como por el tsunami que generó.
Chile es el país que junto con Japón, tienen las mayores actividades sísmicas del planeta, en su caso, esto sucede por ubicarse a lo largo del choque entre los bordes de las placas tectónicas de Nazca y Suramericana.
Pero el caso más notable es el de Japón, ya que se encuentra en el punto de convergencia de cuatro placas: Norteamericana, Euroasiática, del Pacífico y del mar de Filipinas.
Por último y de acuerdo con la información presentada, debe mencionarse el tercer terremoto más grande del mundo que sucedió en Alaska en 1964, magnitud 9,2. Se ha establecido que las olas que generó alcanzaron más de 90 metros de altura, pero por fortuna, tuvo un número reducido de víctimas, pues las zonas costeras estaban poco pobladas.
Se estima que las personas fallecidas fueron menos de 200, pero los daños materiales fueron considerables, posiblemente de más de 500 millones de dólares, además de que se afectaron las capas vegetales y recursos naturales, pues el área se caracteriza por tener ecosistemas delicados que se vieron afectados por el fenómeno, aunque en la actualidad se encuentran recuperados por su propia resiliencia.
Todos los casos mencionados, excepto Haití, Indonesia y Venezuela han sucedido en el Círculo de Fuego del Pacífico, en el que también se presentaron otros grandes terremotos de magnitud 9: Kamchatka, Rusia (1952, y también sucedió uno reciente, de menor escala, 8, pero también considerable, en 2019), Árica, Chile (1868), Lima, Perú (1746), California, Estados Unidos (1700).
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